(Traducción provisional)
19/01/2006
Lugar: Club de Prensa Nacional de Japón

Discurso del Ministro de Asuntos Exteriores, Taro Aso
Ayuda Oficial al Desarrollo(AOD): La solidaridad no es sólo para beneficio de los demás


Hoy, voy a referirme a la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), esto es, a las diversas formas de cooperación económica que prestamos a otros países. En la actualidad, la modalidad de AOD está siendo objeto de un debate muy intenso. En medio de la tendencia general de intentar simplificar la administración, la ciudadanía está siguiendo muy de cerca el programa de AOD.

¿No se despilfarran los fondos de la AOD? ¿Se tiene seriamente en cuenta la rentabilidad? En primer lugar, ¿para quién y con qué finalidad se presta la AOD? Además, ¿Debería mantenerse la actual estructura de puesta en práctica?

Como ministro del órgano de gobierno que desempeña un papel fundamental en la AOD, quisiera compartir en primer lugar con todos ustedes mis conclusiones, para la creación de una entidad al estilo del Consejo de Seguridad (del Gobierno de Japón) para la AOD.

El Consejo de Seguridad, situado bajo la supervisión del Primer Ministro, debate importantes asuntos de la defensa nacional. ¿Qué les parece entonces una propuesta para la creación de una entidad parecida, en la que se debatan las estrategias relacionadas con la AOD bajo supervisión del Primer Ministro?

Podría decirse ciertamente que la AOD se realiza como una “Solidaridad que no es sólo para beneficio de los demás (“Su solidaridad se verá recompensada al final”)” o “La caridad es una buena inversión”, como reza el proverbio japonés, y que la AOD noservirá de gran cosa si no se pone en marcha con una bondadosa preocupación por los demás. Sin embargo, no ha de olvidarse que, en última instancia, la AOD se lleva a cabo para beneficiar a Japón.

En otras palabras, la ODA se pone en marcha para aumentar la felicidad y elevar la estima de Japón y de su pueblo en el mundo, y como un empeño que debería considerarse con una perspectiva amplia y a largo plazo.

En esencia, la AOD consiste en que otros países sean los primeros en utilizar la valiosa aportación pecuniaria de los japoneses para el posterior beneficio del pueblo japonés. Si uno se para a pensarlo, no hay muchas otras iniciativas que requieran una estrategia tan a largo plazo como la AOD.

Hoy día, no obstante, crear una gran entidad es igual que ir a contracorriente. Por tanto, creo más conveniente emplear una estructura de reunión más compacta en la que se reúnan los principales ministros del Gabinete.

Yo viví en la República de Sierra Leona, país que se encuentra en la parte occidental del oeste de África, durante dos años a partir de 1970. Me trasladé allí cuando tenía 30 años, y allí residí hasta los 32.

Fui a Sierra Leona para cumplir una misión que me había encomendado la compañía familiar. No tiene mucha importancia que ustedes conozcan esto, pero mi familia se dedicaba a la extracción del carbón. La misión encomendada consistía en la explotación de una mina de diamantes en Sierra Leona.

Esto ocurrió en una época en la que no había allí ni embajada ni consulado de Japón. Los Jóvenes Voluntarios Japoneses para la Cooperación en el Extranjero (JOCV) aún no habían llegado a este país. Mi vida se parecía mucho a la de los JOCV: sacar agua y hervirla para el baño, y producir electricidad con un generador. A pesar de esas condiciones yo era la única persona de entre las enviadas por mi compañía que no contrajo ninguna enfermedad infecciosa como la disentería amebiana y la malaria. Pues bien, éste es un pequeño episodio que quería compartir con ustedes aparte del asunto principal.

Dado que era una mina para la extracción de diamantes, no nos sorprendería que nos atacaran en cualquier momento con ametralladoras. Sin embargo, nuestra mina nunca fue atacada. Fuimos a saludar formalmente a los jefes de las tribus, generamos electricidad para ellos y les proporcionamos medicinas. Nunca tuvimos que preocuparnos de que nos estuviéramos jugando la vida, puesto que nos ganamos la confianza de los jefes de cada localidad.

Desde entonces, empecé a pensar: “Se afirma, a menudo, que el sentido común de Japón va en contra del sentido común del resto del mundo. Pero la gente dirá que el sentido común de Japón es maravilloso si nos convertimos en los más activos en África.”

Todo esto se basa en mis observaciones durante aquellos dos años durante los cuales, al contrario que los japoneses, no vi a muchos europeos o americanos trabajando a fondo junto con los vecinos del lugar. Si bien me debería negar a generalizar, puedo afirmar que fuimos tan sólo nosotros, los japoneses, quienes nos decidimos a trabajar codo con codo con los habitantes del país.

No hace falta decir que este método no ha cambiado y puede comprobarse fácilmente tanto en el pasado como en el presente, a través de los esfuerzos de los miembros de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), la JOVC y las organizaciones no gubernamentales (ONG) encargadas de la puesta en marcha de los programas de la AOD en los países en vías de desarrollo.

Como habrán podido notar, estoy hablando ahora de algo relacionado con la esencia de los principios japoneses sobre la ayuda.

Según se afirma en el Antiguo Testamento, el trabajo es un castigo que les fue impuesto a Adán y Eva por faltar a la promesa que habían contraído con Dios. En los Kojiki (Registro de Cuestiones Antiguas), por otra parte, se afirma que Amaterasu Omikami, la diosa del sol, vio a los dioses trabajando cuando salió de la cabaña donde tejía. Dado que incluso los dioses trabajan, según la mitología japonesa, el trabajo es considerado como un acto natural que es bueno para las personas.

El trabajo se consideraba no sólo como un acto en el que las personas encuentran la alegría, sino también como un hecho importante que va a elevar nuestra mente y sirve para mejorar la sociedad. El pueblo japonés, tanto en el sector privado como en el público, ya sea a través de programas o actividades relacionados con la AOD, ha demostrado esto voluntariamente y ha servido como modelo de conducta.

En Asia, esto era un acto que rompía con la tradición de las enseñanzas del Confucianismo. De la misma manera, en África y en otras partes del mundo, lo que hicimos fue difundir actitudes y prácticas que podrían considerarse como revolucionarias. Es más, en ambos casos Japón enseñaba una cierta cultura espiritual que es esencial como preparación para la modernización.

Creo, y de esto no me cabe ninguna duda, que lo que aquí era evidente fueron los principios del pueblo japonés, que, aunque tácitos, son enormemente elocuentes.

En estos últimos años, se ha afirmado a voces que la diplomacia necesita de un algo que venda, por ejemplo, la “cultura”. He oído que se la denomina el “soft power”, en contraste con el poder evidente, algo que está a la vista de todos. Creo que estas actividades realizadas por el pueblo japonés son ciertamente el “poder suave” del que nos deberíamos enorgullecer. Consiste en trabajar intensamente codo a codo con la gente de cada país, al mismo tiempo que se difunde el concepto de la alegría en el trabajo. Se trata de aspirar a crear una base cultural que, a través de estos actos , facilite la independencia del país receptor de la ayuda.

Permítanme que les ponga un ejemplo: Recientemente, visité la India y la República Islámica de Pakistán. En Delhi, capital de la India, se está construyendo una red de trenes suburbanos utilizando la AOD brindada por Japón. Una parte ya se encuentra prestando el servicio y es enormemente apreciada por las gentes de la India.

Para empezar, ha mejorado el nivel de comodidad. Sin embargo, lo que más valora el pueblo de la India es que los japoneses que participaron en la construcción de esta red suburbana hubieran demostrado la forma diligente de trabajar propia de los trabajadores japoneses en el mismísimo centro de su capital. Los trabajadores japoneses demostraron un gran sentido de la responsabilidad a la hora de cumplir con los plazos, al mismo tiempo que respetaban las normas de seguridad. También demostraron una actitud que no sólo no olvidaban del tema una vez completada la obra, sino que, demostraron su afán por el trabajo, ofreciendo su cooperación incluso mucho después de haber terminado la obra.

Estas son las razones por las que la India, que se había mostrado bastante reticente a la hora de aceptar la ayuda de otros países, ha acabado afirmando que desea fervientemente recibir ayuda de Japón.

En este sentido, la AOD está sirviendo como un medio respetable para exportar la cultura japonesa. Es éste el motivo por el que digo que tengo en gran estima la “diplomacia de talonario”. Continuemos por ahora extendiendo cheques mientras Japón disponga de fondos, puesto que el esfuerzo laboral de los japoneses va de la mano con los cheques que Japón extiende. Esos cheques se dan junto con unas palabras de ánimo: “¡Sé dueño de tu destino!” En dos palabras: “diplomacia de talonario” es un método para hacer un llamamiento a otros países sobre los originales principios japoneses del trabajo.

Si hubiera de dirigirme a todos aquellos que dudan del significado de la AOD, les diría todo esto que acabo de mencionar anteriormente. El gobierno está adoptando un planteamiento amplio y a largo plazo sobre la AOD, que es un medio importante para difundir los valores japoneses.

Creo que por ahora entenderán por qué Japón ha concedido tanta importancia a los préstamos de dinero en yenes. Nuestro convencimiento es que el valor de la ayuda se depreciaría hasta quedarse en una simple limosna, a menos que los habitantes de estos países tengan la voluntad de contribuir al desarrollo de su país por medio de su propio trabajo. Estos son los motivos por los que hemos ofrecido los préstamos, y no simples donaciones.

Claro que es necesario hacer un seguimiento al utilizar el dinero público para estos programas. Cuando comience el ejercicio fiscal de 2006, el gobierno redoblará la evaluación de la AOD a través de una tercera parte. Nosotros agradecemos sobremanera las valoraciones de las ONG, como las que se realizaron sobre la ayuda destinada a paliar los daños causados por el enorme terremoto en el área costera de Sumatra y por el Tsunami del Océano Índico.

Por lo que se refiere a la AOD, últimamente se tiende a hablar sobre su nueva finalidad y significado. En breve, esos principios en virtud de los cuales se concedía la AOD simplemente porque el país receptor era pobre ya son cosa del pasado. Aunque pueden parecerse, las políticas nacionales de bienestar social, como son, por ejemplo, las ayudas de manutención y las desgravaciones por hijos, o las políticas para la redistribución de los ingresos, son cada vez más diferentes con respecto a la AOD que se presta en el extranjero.

Si, por ejemplo, la AOD viene a considerarse como un programa de bienestar social, no hay razón alguna por la que cualquier país deba abordar la AOD por su cuenta. Esto significaría que el método apropiado consiste en la creación de un mecanismo según el cual toda la AOD de los países desarrollados se depositaría en un organismo como el Banco Mundial, desde donde se distribuirían los fondos a los países en vías de desarrollo sobre la base de determinados criterios. Sin embargo, nadie se ha marcado como objetivo la creación de esta clase de sistema.

Claro está que prestar ayuda a través de organizaciones internacionales tiene sus ventajas. Sin embargo, creo que, cuando las naciones-estado prestan ayuda a otros países, no deberíamos olvidar el hecho fundamental de que, en definitiva, la AOD se pone en marcha para nuestro beneficio.

En otras palabras, lo que estoy diciendo es que la AOD debería entenderse como una “medida de orientación política concebida para crear un entorno internacional favorable para la propia nación, con la idea de construir finalmente una comunidad internacional mejor.”

Probablemente será difícil discutir estos temas de forma abstracta. Por consiguiente, voy a volver a los ejemplos de la India y Pakistán, países que visité en el último viaje.

Si continúa la tendencia actual, está previsto que la India se convierta en el mayor receptor de préstamos en yenes de Japón por tercer año consecutivo. Pakistán sufrió la tragedia repentina de un gran terremoto, de manera que se decidió que recibiera una ayuda de Japón por un valor aproximado de 200 millones de dólares estadounidenses.

La influencia de la India en la comunidad internacional es cada vez mayor como resultado de su notable crecimiento económico en estos últimos años. La India, el mayor país democrático del mundo, con una población de mil millones de personas, y Japón, están coordinando esfuerzos respecto de una serie de asuntos importantes, entre los que se incluyen la reforma de las Naciones Unidas y la posible creación de una futura comunidad del Este de Asia. Es deseable para Japón, que tiene una conexión estratégica con la India, así como para la comunidad internacional, China incluida, que la India sea cada vez más fuerte para que pueda actuar como una fuerza estabilizadora dentro de Asia.

Es precisamente esta la razón por la que se puede afirmar que Japón está tratando de estrechar sus lazos con la India mediante la prestación de la AOD.

Por otra parte, Pakistán es un estado de primera línea en la lucha contra el terrorismo. Ha sido, desde tiempos remotos, una conexión de transportes de importancia estratégica, y muchas personas quizá no se den cuenta de esto, pero comparte frontera con Irán.

Ayudar a construir las infraestructuras de este país conducirá a la estabilidad de Afganistán y del centro de Asia, y también servirá para proteger las rutas de distribución en la zona del entorno. Como principal nación comercial de Asia que es, Japón sufrirá si Pakistán no se constituye en una fuerza estabilizadora. Comprenderán también en esta situación que la ayuda a Pakistán sigue la línea de los intereses de Japón.

Dada esta situación, durante mi estancia en la India y Pakistán no dejaba de pensar que la AOD de Japón a estos países será cada vez más importante en el futuro.

Digámoslo de otra manera: La AOD de Japón debería ser utilizada con abundancia en el futuro, para alcanzar los objetivos de mejorar y ampliar los lazos entre Japón y los países que tienen sus mismos intereses y aspiraciones. En otras palabras, estos son los objetivos de crear un tipo de coalición política o de fomentar la estabilidad de otros países en los que se construye la prosperidad de Japón.

Japón se encuentra entre los primeros países del mundo que mantiene de forma estricta un autocontrol en la utilización de la fuerza militar. La AOD tiene un significado mucho mayor, como medida de políticas para un país así, que el que tiene para otros.

Sin embargo, les ruego que no olvidemos que en la AOD que acabo de mencionar se incluyen casos con resultados inmediatos, además de aquellos que no producen resultados instantáneos.

Para contribuir a los objetivos de desarrollo establecidos por la ONU, Japón sigue encaminando sus esfuerzos hacia la consecución del objetivo del 0,7% de su Producto Interior Bruto (PIB) en concepto de AOD. Tenemos planeado incrementar la AOD en 10.000 millones de dólares estadounidenses a lo largo de un período de cinco años. ¿Por qué estamos tratando de conseguir esto? ¿Sobre qué idea nos basamos para proceder de esta forma? Hoy he intentado explicar estos asuntos lo mejor que he podido.

Como afirmé al comienzo, en vista de la naturaleza tan sumamente estratégica de la AOD, me gustaría que se mantuvieran reuniones, bajo el fuerte liderazgo del Primer Ministro, para debatir, desde una amplia perspectiva, cómo debería ser utilizada la AOD con respecto a las más importantes cuestiones internacionales que Japón ha de abordar. La AOD es una herramienta diplomática, por lo tanto es el Ministro de Asuntos Exteriores el que debería asumir el papel de principal coordinador de la política de AOD. El Primer Ministro y algunos ministros del Gabinete también deberían debatir frente a frente cómo se habría de utilizar la AOD desde una perspectiva amplia. Esto es distinto del método mediante el cual las consultas se llevan a cabo haciendo circular un documento de política entre los funcionarios. Tengo intención de trabajar intensamente durante estas reuniones. Y, dependiendo de las circunstancias, también me gustaría invitar a profesionales de la cooperación técnica y financiera, y a intelectuales del sector privado.

Luego, hablando de una planificación concreta de políticas, el Ministerio de Asuntos Exteriores posee una red y un fondo de experiencia y conocimientos humanos que no deja de construir desde el final de la guerra. Sería una pérdida no utilizar estos recursos. Si no se utilizan se producirá un despilfarro excesivo de recursos y un solapamiento de las inversiones. Esto no es lo apropiado en una era que exige la simplificación de la administración.

En el Ministerio de Asuntos Exteriores hay, por ejemplo, expertos regionales que hablan hindi o urdu, la lengua oficial de Pakistán, entre otras lenguas, y el Ministerio cuenta con una red de más de cien misiones diplomáticas en todo el mundo. Estos diplomáticos trabajan sobre el terreno con los expertos de organizaciones para la canalización de la AOD, a la vez que atesoran experiencia en el campo de la cooperación económica. Al mismo tiempo, se están formando para tener siempre presente que han de perseguir los intereses nacionales de Japón. No estoy diciendo en absoluto que sus capacidades sean suficientes, pero que la idea de intentar crear desde cero una red de recursos humanos para luego sustituirlos es una tarea de enormes proporciones.

Claro está que, intrínsecamente, esto supone un reto arduo, ya que la AOD intenta actuar desde el exterior como un apoyo para el desarrollo económico de los países en vías de desarrollo. Hasta ahora, se ha introducido una nueva serie de medidas para mejorar sustancialmente las formas de prestar la ayuda, pero tengo la intención de seguir perfeccionando la AOD en el futuro consultando a eruditos, empresarios, representantes de las ONG y a otras personas entendidas en la materia.

Finalmente, me referiré una vez más al lugar a donde se llevó a cabo la ayuda.

Aproximadamente en 1987, creo recordar, cuando yo estaba como jefe de la Dirección de las Juventudes del Partido Liberal Democrático, invité a los participantes de las delegaciones de las juventudes de cada prefectura a que salieran al extranjero una vez al año. De hecho, fuimos varias veces a los países extranjeros. Sin embargo, nuestros lugares de destino se limitaban a países en los que ya trabajaban los JOCV. Estos viajes no eran los apropiados para alguien que insistiera en alojarse en un hotel con agua caliente.

Cuando fui a comprobarlo yo mismo, vi cómo los jóvenes voluntarios de los JOCV trabajaban incansablemente. Parecían tan felices que su actitud me dejó desarmado. Siempre sentí gran admiración por la gallardía de estos jóvenes. Tuve la impresión de haber visto a muchos de estos formidables jóvenes japoneses que no consideraban el trabajo duro como tal y para los que el trabajo era una virtud.

¿Qué creen ustedes que me pidieron estos jóvenes como regalo más preciado? Unos cómics, me respondieron. Fue una petición de la que me alegré mucho. Yo mismo soy un fan de los cómics, de manera que no fue ésta una petición muy difícil de satisfacer. Les di los cómics que yo mismo había metido en mi bolso para leerlos durante el viaje. Estos libros de cómics tuvieron un éxito enorme entre los voluntarios.

Gracias por su amable atención.